C.C.C.: La Primera Vez

C.C.C.: La Primera vez

Por Barbara Simeoni

–Vos sabés todo lo que yo hago para que tengan todo, para que ella tenga todo, para que no salga a laburar, para que pueda ocuparse de sus cosas, de estar con Sofi, de estar tranquila. Vos sabés todo lo que hice. Mirá si la amaré que te la nombro y me pongo a llorar como un puto. Y me tengo que venir a enterar que… Nunca la pude ver mal y por eso la protegía tanto, ¿vos viste? Vivía en una burbuja de cristal gracias a mí, como una princesa la tenía. Al pedo.

Ayer, la muy hija de puta se fue a comprar huevos y volvió dos horas después, medio que se me reía, porque vio mi cara cuando volvió. Y yo, que detesto los conflictos, que intento siempre que las cosas estén bien, la ignoré por completo para devolverle de su propia medicina, ¿viste? Se pensaba que yo era boludo, que no me daba cuenta, la muy hija de puta. Yo salía a traer el mango, porque cuando sos el que aguanta, sos el que aguanta, pero viste cómo son, no te lo reconocen. Cuánto la quiero. Sabía que venía rara, no soy pelotudo, pero seguía, seguía insistiéndome en que no, que éramos nosotros 3 nada más.

¿Te acordás cuando fue a la escuelita esa a aprender a manejar? ¿Para qué mierda quiere manejar alguien que se rasca todo el día? ¿Me podés explicar? Intenté que dejara, no nos daban los números, pero hasta en eso no dije ni mu. Soy un pelotudo. El pelotudo soy yo.

Anoche, si será mala, se me volvió a reír cuando me vio en pelotas en la cama, intentando que hiciéramos lo nuestro, ¿viste? Y le metí un sopapo en la jeta que la mano me latía. No sé qué me pasó. De ahí todo fue… Se quiso llevar a la piba, la sacó de su cuarto la muy soreta, hizo que nos viera. La agarré viste… La agarré, es la primera vez que me pasa. Y… está… Vení, por favor. Está acá. Te juro por mamá y por Sofi que la amo como no amé a nadie. Es la primera vez… no entiendo. La reputa madre, ¿podés venir?-.

Martín cortó eligiendo el silencio y se quedó mirando el teléfono mientras sentía un escalofrío por la espalda. Lo sabía. Intentó marcar 911 dos o tres veces, pero se frenó antes del último 1 con las manos temblorosas. Mientras, Daniel volvía a llamar y él lo rechazaba como si fuese la alarma matutina más insoportable. Se fue al patio para parar la cabeza y se topó con el perro sentado en la esquina que lo miraba incrédulo de encontrarlo a esas horas en su territorio. Él le devolvió un gesto que imploraba que ni se le acercara, hasta que entendió que detrás de Toto estaba la respuesta. Disparado, se subió al auto rumbo a Lanús. No le dijo nada a su esposa. En su baúl llevaba una pala en desuso, llena de telarañas. También era la primera vez que lo hacía.


Este cuento quedó seleccionado en la Convocatoria Cuentos Cortos de Humanxs lanzada en julio del 2022. Lxs invitamos a estar atentxs a nuestras redes sociales así saben de la próxima.

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