POR PERONISTA Y POR MUJER

Cristina por peronista y por mujer magnicidio

Editorial de Humanxs

Luego de los eventos sucedidos la noche del jueves 01 de septiembre, desde Humanxs nos parece importante registrar y reflexionar los hechos que siguieron al intento de asesinato de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

La mayoría de quienes conformamos Humanxs no tenemos recuerdo de haber visto o presenciado tal magnitud de violencia política. No hubo, desde comienzo de este siglo, algo semejante a un ataque a la democracia como lo que ocurrió la noche del jueves.

Crecimos teniendo certeza de que la democracia es una institución sólida y ya consolidada en la sociedad argentina. Aprendimos que los atentados a la vida por causas políticas e ideológicas eran cosa del pasado. La democracia es un valor que costó demasiado tiempo alcanzar, y parece ser que nunca hay que dar por sentado su continuidad. El 01/09/2022 nos demostró que todxs somos responsables de defender la seguridad de un Estado libre y democrático. 

Como generación nacida en democracia, lejana de los levantamientos carapintada, que apenas recordamos la crisis institucional del 2001, reconocemos el atentado en lo que nuestrxs abuelxs, nuestrxs padres y madres nos relataron con temor.

¿Por qué este hecho hace tambalear la democracia?

Porque bajo ningun termino, en la convivencia democratica, se permite que a la principal dirigenta politica sufra un intento de asesinato. Nadie debe ser perseguidx o castigadx por lo que piensa, opina o milita en una democracia sólida; pero mucho menos podemos permitir y perpetuar los discursos de odio y los accionares violentos que aplican ciertos individuos, con ciertas ideologías hacia dirigentes populares.

Por el carácter aleccionador que tienen este tipo de atentados; desde quienes tienen grandes aspiraciones políticas hasta lxs que quieran organizarse para lograr un fin común, temerán. Temerán que algún odiador serial lxs insulte, lxs agreda, lxs golpee o en el peor de los casos, lxs asesina o intente asesinar. No buscarán crear un proyecto político, así como tampoco organizar una asamblea. Pensarán dos veces antes de opinar, y aún más, las mujeres que quieran disputar poder.

A Cristina no la quisieron matar en un contexto de robo, como si fuera una persona cualquiera entrando a su casa. La quisieron matar por peronista y por mujer, por ser la principal representante política de la República Argentina. Por ser vicepresidenta de un gobierno electo democráticamente. Por tener poder, influencia y capital político de maneras que ningún hombre en la Argentina esgrime. Ella misma lo dijo en su libro, Sinceramente:

«El problema es cuando querés ser prima donna en el mundo de los hombres, en el mundo del poder y, además, para cambiar las cosas. Ahí te disparan a matar.«

Sinceramente, 2019, página 167

Algunos feminismos han sabido ignorar la violencia simbólica, verbal y, ahora física que padece, como si fuera debido a sus políticas o sus formas. A Cristina la agreden desde mucho antes de llegar al máximo cargo en la República Argentina. Mucho antes de tomar decisiones y disputar poder. Porque como mujer, ha sabido sufrir la cosificación, fijación, abuso y aleccionamiento que se imparte sobre el cuerpo que se expone en la lucha.

Como jóvenas, mujeres, con ideologías y creencias, revisamos lo vivido. Reflexionamos sobre el país que en vez de repudiar un atentado, lo mediatiza, lo vuelve un circo, lo pone en duda, explota el morbo y la violencia que hierve bajo la superficie de aquellxs envidiosxs y resentidxs que se sienten amenazadxs por una mujer al mando y disputando un proyecto político y de poder; al punto que el intento de asesinato los alimenta, los energiza y esperanza.

Ante esa perspectiva es clave, es urgente y es imperante RECHAZAR todo lo ocurrido por el carácter que tiene. Rechazar las coberturas que lo tildan de un “hecho armado y orquestado” por el mismo gobierno; los diarios que comparten la manera en que se debería haber disparado el arma; los dinosaurios que sueñan esperanzados que la bala hubiera salido de la recámara; los insensibles que no pueden ver más allá de sus sesgos partidarios.

Aquellos que andan ciegos ante las desgracias que podrían haber caído sobre Argentina si esos militantes que le gritaban a Cristina “te amo” mientras ella les acariciaba la cabeza y les firmaba libros se encontraban de un segundo al otro bañados en la sangre de su dirigenta. Si tan solo una de las balas no fallaba:

¿En qué escenario estaríamos hoy?

“Sí salía la bala estábamos en guerra civil hoy. No es por potenciar la violencia y el odio pero yo creo que los medios hegemónicos han ganado la batalla cultural en estos doce años han demonizado a Cristina.”

– Franco, 24 años, peronista en la movilización del 02 de septiembre en la Plaza de Mayo. 

“Gracias a Dios estamos hablando de que no pasó nada, porque si hubiera pasado algo estábamos a los botellazos. Iba a ser un drama esto, y con los argentinos que estamos ya mal económicamente y andamos a los ponchazos para sobrevivir, esto hubiera sido de terror. Gracias a Dios que no pasó y es una alerta para que no pase más, hay que estar unidos y apoyarse.”

– Oscar, 71 años, peronista, vendedor de banderas y pañuelos en Plaza de Mayo.

Sin dudas no hubiera existido la plaza pacífica del viernes 02 de septiembre. Ya no hubiera sido una convocatoria a movilizar de la militancia. No hubiera sido una plaza de militantes y de no tan militantes, una plaza familiar, una plaza con niñeces y bebés, una plaza con amigxs, una plaza repleta de personas sueltas, simpatizantes lejanos, personas que por primera vez se presentaban a una movilización, una plaza que cantaba la marcha peronista y el himno nacional. Una plaza con remeras de la selección. Una plaza de la democracia.

En vez de una procesión de Avellaneda hasta Plaza de Mayo, quizás era un tsunami de trabajadores furiosos por la autopista.  Porque el océano de gente desgarrada no se podría haber parado. No podría haber hablado Alejandra Darín y llamar a “a la unidad nacional pero no a cualquier precio: el odio, afuera”. Porque el odio estaría por todas partes y en su máxima expresión, mezclado con angustia, desolación y desazón.

Por suerte, destino, fallas humanas o técnicas, no tenemos que atravesar ese escenario; pero lo que es certero: no podemos permitir que se repita.

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